Slayer – Repentless (2015)


Slayer_Repentless_Cover

“Repentless” es el onceavo disco de estudio de la banda de trash metal por excelencia, y supone un encomiable esfuerzo por seguir demostrando que su discurso sigue vigente pese a todas las turbulencias que han sufrido en los últimos años. Cambio de sello, salida del problemático y legendario batería Dave Lombardo y la mayor de ellas, la más devastadora, la muerte de Jeff Hanneman. Lejos de amilanarse ante semejante desgracia, los californianos decidieron seguir adelante e incorporaron definitivamente a Gary Holt a la banda. Tras haber sustituido a Hanneman en directo durante un par de años y siendo amigo de la banda, parecía el sustituto adecuado por imposible que pudiera resultar la tarea.

Tras la enésima espantada del batería Dave Lombardo, Paul Bostaph ha regresado a Slayer para reclamar un puesto en el que ha estado casi tanto tiempo como Lombardo. Siempre he defendido a Bostaph. Desde su inclusión en el notable y ya lejano “Divine Intervention” sus redobles y su energía golpeando el doble bombo me ha parecido que ajusta como un guante de seda a la agresividad y técnica que un grupo como Slayer necesita. Si Lombardo alguna vez ha tenido un alumno aventajado, sin duda ha sido este.

Volviendo al álbum, “Repentless” sea posiblemente el disco más más duro que la banda haya tenido que grabar nunca, el que las haya hecho preguntarse y replantearse muchas cuestiones que flotaban en el aire tras todos esos acontecimientos. Otras bandas con treinta y cinco años a sus espaldas quizás hubieran tirado la toalla, pero Tom Araya y Kerry King han decidido seguir adelante y hacer lo que mejor hacen. O al menos intentarlo.

No vamos a encontrar en este nuevo álbum la más mínima evolución en su sonido, ya no es necesaria. Tras la publicación de “Seasons in the abyss” el universo sonoro de Slayer estaba más que definido. Solo el denso “Diabolus in musica” aportó cierta novedad, pues Araya parecía rapear en el tema “Staind of mind”. Slayer sea posiblemente la única banda de metal en la que se puede confiar a través del paso de los años. Cual megalito ciclópeo, su discurso permanece inalterable, insobornable e incólume a lo que suceda a su alrededor. Sus trabajos desde los 90s unas veces son buenos y otras mejores, con algún pequeño tropezón, pero por lo general engrosan y sostienen una carrera de gran fortaleza en la que “Repentless” supone otra marca más. Posiblemente el álbum sea lo mejor que han podido grabar dadas las circunstancias, pero está lejos de convertirse en un clásico. Está cerca del nivel de “World painted blood” pero lejos de “God hates us all”, lo cual es sintomático de un lento y natural declive creativo, propio del paso del tiempo y de tan extensa carrera. Sin embargo, aunque notemos ciertas carencias, la fuerza y energía sigue siendo la misma.

La intensidad desborda la práctica totalidad de los temas, vayan a 200 BPMs o a 50. “Take control” tiene la pegada de sus clásicos de antaño, y la canción que da título al álbum (escrita por King pensando en Hanneman) acelera involuntariamente el movimiento del cuello del oyente haciendo peligrar sus cervicales. La oscura “When the stillnes comes” recuerda a los momentos más pausados de su discografía y “Vices” continua desgranado el patrón compositivo de Slayer con toda la sapiencia de la que pueden hacer gala a estas alturas.
A lo largo de los cuarenta y dos minutos de duración del disco encontramos todos los tics, aciertos y errores de la banda. Destellos de genialidad absoluta conviven con una repetición eterna de esquemas que parecen no agotarse nunca.

Desconozco si está será la última creación de Slayer. Si lo es, “Repentless” representara un titánico y valorado esfuerzo de la banda por perpetuarse, será el disco sin Hanneman, será el disco que los mantuvo dignamente en el candelero una gira más… será, en fin, otro buen disco de Slayer.

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