Salvaje Montoya: entrevista


Poco tiempo lleva en la calle “Rompiendo la Yuca” (BCore), la poco más de media hora en la que Salvaje Montoya continúan ahondando en una mezcla de estilos que comenzó discográficamente en el año 2013 con “Boda rumana”. Canciones que incitan a la diversión, al baile espasmódico y sudoroso sin importar la procedencia geográfica de las sonoridades que utilizan y que los de Sabadell ya están presentando en directo sobre los escenarios, como tiene que ser. Razón más que suficiente para que nos pusiéramos en contacto con la banda y les espetaramos este cuestionario.

– Como esta es vuestra primera entrevista con Rockandrollarmy Magazine, ¿podríais presentaros a nuestros lectores?

– Somos Salvaje Montoya, y nos gusta más follar que tocar.

– Recientemente se ha publicado vuestro segundo álbum “Rompiendo la Yuca”. Por cierto, enhorabuena por el magnífico resultado, muy hedonista y disfrutable. ¿Estáis contentos con el resultado?

– Salvaje Montoya va de no respetar ningún género, ninguna tradición, ni rendir cuentas a las vacas sagradas, y pensamos que ha quedado suficientemente plasmado en este segundo disco. Encontrarás garage, frat rock, cumbia, surf, otros ritmos latinos no identificables, dubstep o incluso cantos gregorianos. Nos gusta un ritmo, pues lo masticamos y lo escupimos a nuestro antojo, acompañándolo de fraseos de guitarra a todo volumen hasta que nos parece que el resultado va a hacer bailar a tu abuela. Es nuestra jodida obra maestra, nuestra masterpiece. Después de esto estamos obligados a escudarnos bajo unas falsas identidades y dedicarnos a la animación infantil al igual que nuestro héroe de la infancia Xesco Boix.

– ¿Qué podéis contarnos del proceso de grabación?

– Entre las sesiones de grabación diarias, nos pasábamos las noches cardándonos fino, jugando al Texas Hold’em y comiendo sándwiches mixtos de macarrones y queso. Nuestro batería, que es como el autista de “Rain Man” (es decir, cuenta las cartas y domina de probabilidades), nos desplumaba como a palomos primerizos y se agenciaba todo nuestro peculio mensual con la misma facilidad con la que le quitarías un caramelo a un niño.

– ¿Cuáles dirías que son las principales diferencias entre este disco y vuestro debut?

– ¡La cumbia! La cumbia es lo más grande que le ha pasado a Salvaje Montoya, juntamente a esa noche que unas abuelas nos raptaron en Sant Feliu de Codines. En mitad de esa trituradora de referentes de los que te hablábamos, hemos introducido el mejor ritmo latino que existe para bañar tus caderas en oro. Cumbia, amigo, de verdad… Es el ritmo que bailaban los ángeles antes de que, como castigo, el todopoderoso los sentenciara con la asexualidad para siempre.

– ¿Y de dónde saca Salvaje Montoya su inspiración? ¿Cómo es vuestro proceso creativo?

– Nos gusta rendir pleitesía y escribir literatura a todos esos lugares que estuvieron a nuestro alrededor y que no saldrán en ningún libro de texto, nos referimos a la historia no­oficial del barrio. Es excelente el ejercicio de gentrificación que se está haciendo en el Raval (Barcelona), por ejemplo, toda la chusma que nos maravilla ha desaparecido para dejar paso a los turistas y a sus tarjetas gold. Los jefes de todo esto pueden estar contentos. Hablas con los borrachos de calle Robadors o con los gitanos de calle Guardia, y descubres más verdad que en la propaganda del ayuntamiento sobre esta ciudad. Barcelona fue kinki, anarquista, putera, ladrona, travesti y, sobre todo, divertida. Y no hace tanto tiempo de eso, todo sucedió al lado de tu actual portal.

Las letras las hacemos todos juntos en ritual, después de tener una melodía bastante clara. Empezamos a escupir vómito mientras bebemos palomitas de anís, reinventamos esos mundos y diseccionamos esos personajes tan peligrosos que la desmemoria los ha transformado en inofensivos. Nuestras letras pretenden ser una puerta espacio­temporal para poder esnifar drogas que dejaron de existir cuando se celebraron las olimpiadas en el 92.

– ¿Cuáles son vuestras principales influencias musicales?

– Nuestro imaginario naftalínico va desde los archicitados Los Saicos, pasando los Los Incas Modernos, Los Mirlos, Los York’s, Os Mutantes, Los Shain’s, los Módulos, Vainica Doble, Los Ovnis, Los Doltons o Los Mockers. Pero también tenemos otras miras puestas en bandas contemporáneas como Los Peyotes, Los Explosivos, Sonido Gallo Negro, las Ultrasónicas, Wau y Los Arrrghs!!, Guadalupe Plata, Pony Bravo o Els Surfing Sirles. Y saliendo de la senda latina, nos permitimos caprichitos como The Sonics, Shannon and the Clams, Thee Oh Sees, Za! y demás antojos pura crema.

– ¿Cómo se imagina uno esas historias de alcohol y polvo desde una ciudad de tradición industrial como Sabadell?

– En las fronteras, en el extrarradio o en los confines de la educación mal entendida, está la tierra de nadie. En los márgenes es donde crece la mala hierba y las historias las cuentan personajes más intrigantes y marginados. Sólo allí, la arquitectura está llena de trampas y las tapas son las más agradecidas cuando pides una caña. Huye del centro, escucha las historias del suburbio y, después, cuéntalas a los ricos de la zona alta a precio de oro.

– Evidentemente, para vosotros no es el caso pero, ¿no creeis el lugar geográfico al que se pertenece condiciona de alguna manera la música que se escribe?

– Debería, pero cuando estás bajo el hechizo perpetuo de la Fantasía X, ni Michael Ende puede seguirte el ritmo.

– ¿Cómo veis el panorama musical en vuestra ciudad? ¿Hay movimiento?

– Esa población “lanera” llamada Sabadell, y no lo decimos como oriundos de pro, es uno de esos casos rara avis. Hasta donde alcanzamos recordar, Sabadell ha tenido muchísima tradición musical y muestra de ello son la infinidad de agrupaciones musicales locales (algunas de ellas con cierta notoriedad nacional), asociaciones de carácter musical, teatros y auditorios, centros de enseñanza como es el conservatorio y demás elementos del show business (escuelas privadas, tiendas, locales de ensayo,…) que existen en Sabadell. La densidad poblacional de músicos es más que notable, pero Sabadell lleva varios lustros más perdida que el barco del arroz en cuanto a movimiento o escena consolidada (marco necesario para el desarrollo de propuestas culturales). Ni salas, ni festivales, ni circuitos, ni políticas culturales de calidad y sostenibles. Si además de todo lo anteriormente mencionado, le añades una obsesión institucional por burocratizar hasta el sin sentido todos los procesos culturales, te queda herido de muerte uno de los pilares básicos sobre el cual cualquier sociedad debe sostenerse y un panorama verdaderamente para echarse a llorar. Ahora es cuando se nos tiran encima todos los colectivos culturales del pueblo. Cierto es que han existido y existen asociaciones mucho mejor coordinadas, y que han trabajado al margen de las directrices municipales (directrices que siempre han buscado el beneficio material, y nunca el espiritual o el de libertad que sólo ofrece la cultura en su sentido más amplio) para convertir su propuesta cultural en una realidad. Sabadellencs i sabadellenques debemos estar agradecidos por su gestión y por su labor de transformación. Pero desgraciadamente, estas entidades no representan todo el savoir faire local. Huelga decir que en los últimos años, desde diferentes frentes, se han intensificado esfuerzos para crear ese circuito o movimiento que conecte con la masa, pero siguen estando muy solos y no reciben el foco que deberían. Sintetizando la chapa de órdago: la supervivencia cultural musical está en manos de viejos, es insuficiente para representar el amplio abanico de inquietudes culturales coexistentes, y en cualquier caso, la actual situación de la cultura musical es verdaderamente precaria. Dato: recordemos que se trata de una población de más de doscientos mil habitantes y quinta ciudad en importancia de Catalunya.

– ¿Es difícil sacar un proyecto musical como el vuestro a día de hoy?

– En serio, ¡esto es puro amateurismo! Nuestra primera maqueta la grabamos con una guitarra clásica desquintada y de batería… ¡una caja de galletas danesas y un bote de Colon! En esto del rock, lo que cuenta es la actitud y la moral. Siempre salen nuevos conjuntos y cada vez más jóvenes, señal de que esto de la reinvención de la rueda que es el rock, goza de amplia salud y de adeptos que quieran sacrificar unos pocos años de vida por dedicar unas horas al día a ser un puto subnormal.

– En el momento de preparar esta entrevista acabáis de comenzar vuestra gira, ¿qué podemos esperar de ella?

– Ante todo, que localizaremos el mejor karaoke de la zona y donde podremos dar cuenta de su stock anual de bourbon. Es de recibo decir, que llevaremos los bolsillos rebosantes de petardos, por lo que te podríamos joder la resaca mientras duermes la mona. Y para terminar, que sudaremos la camiseta para que no haya cinturita en tu pueblo que se quede a dos velas y no reciba el justo homenaje que se merece.

– Y ya para ir terminando, en comunicación directa con nuestros lectores ¿hay algo que queréis decirles?

– Para los despistados, somos Salvaje Montoya, grandes defensores a ultranza del derecho de pernada, ¿meentiendesloquetequierodecir?

– Muchas gracias por tomaros un momento para contestar este cuestionario. Nos vemos en los escenarios.

– ¡A vosotros amigows! [sic] ¡Grazie a tutti!

Tambien puedes leer esto, y más, en Rock and roll army.

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