Havalina – 17-04-2015 en La ley seca de Zaragoza


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Los madrileños Havalina volvían a la clásica sala zaragozana para presentar “Islas de cemento” en lo que supone la primera fecha de una gira que les llevará a visitar gran parte de la geografía española.

El trío madrileño formado por Manuel Cabezalí (guitarra, voz), Jaime Olmedo (bajo) y Javier Couceiro (batería) ofrecen cerca de dos hora de intensidad emocional y sonora en las que se transitan lugares áridos y oscuros, por momentos asfixiantes, en los que se llega al orgasmo antes de exhalar el último aliento. Sonidos que sangran directamente de las venas de los 90, mezclando diferentes densidades sonoras con la fiereza de una guitarra grave que sabiamente sabe estirar su discurso hasta límites insospechados; ora suena robusta, seca y contundente, ora suena lejana e infinita. Havalina te acarician y luego te azotan, manejan las proporciones del directo con la gracia de un experto alquimista, y a un momento palpable le sucede otro más volátil.

Jaime Olmedo sustituye a Ignacio Celma al bajo (aunque, si no me equivoco, ya tocó algunas fechas en la anterior gira) y se encuentra perfectamente integrado en la banda; su sonido sirve como sólida base para que Manuel se explaye con sus guitarras, todo ello siguiendo las directrices de un Couceiro que dirige con mano firme los tempos en los que se mueven.

“Islas de cemento” sonó prácticamente en su integridad (solo la reposada “Ulmo” quedó fuera del setlist), intercalado con otros momentos momentos clásicos de la banda, como “Incursiones”, “Viaje al sol” o “Desierto”. Cuando un artista defiende de esa manera su nuevo trabajo en el escenario, demuestra la confianza que se tiene en él y en sus posibilidades. A tenor de lo vivido en La ley seca, podemos decir que son muchas.

Uno de mis muchos momentos favoritos de la noche fue el cierre, con la “balada” (así la describió Manuel) llamada “Lluvia en el cementerio de coches”, uno de esos temas llamado a perdurar en la conciencia colectiva de los fans de Havalina, que en directo todavía apabulla más.

Havalina son como la roca solitaria de la portada de “Islas de cemento”. Aguantan la erosión del tiempo, prácticamente en soledad – no tienen rival en su campo – pero con la seguridad de unos sólidos cimientos, colocados con trabajo concienzudo y meticuloso.

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