U2 – Songs of innocence (2014)


U2-Songs-of-Innocence

Con nocturnidad y alevosía y en connivencia con Apple, U2 coló en las librerías de música de los usuarios de ITunes su nuevo disco, “Songs of innocence”. En una maniobra comercial que los aleja de la música y los acerca a la mercadotecnia más salvaje, U2 se convierte así en un producto, en una marca, una franquicia a explotar.
Y qué mejor manera que, sin pedir permiso, entrar en millones de hogares y dejar sus nuevas canciones de manera gratuita (esto habría que matizarlo) para el uso y disfrute del populacho. Te levantas una mañana y ahí está, el nuevo disco de U2 en tu móvil, sin haberlo pedido. Bien, ¿no? Ahora imagina que te levantas una mañana y te lo encuentras – formato CD – debajo de la almohada. Ahora acojona un poco, ¿verdad? Tan terrorífico como pensar que un ratón (o una puta hada si eres anglosajón) se llevaba tus dientes caídos y te dejaba una propina a cambio.
Pero bueno, no voy a ser yo el que abra un debate sobre la privacidad o el derecho al intrusismo sonriente (recordemos la película “Funny games” y temblemos todos juntos), ni siquiera el que diga que los irlandeses han pecado de soberbia al imaginar que le gustan a todo el mundo y, por ende, todo el mundo querría oír su nuevo disco. También se puede valorar de manera opuesta, creen que ya no gustan a prácticamente nadie, así que con sonrisa de cocodrilo, congratulaciones, buenrollismo y mucho confeti, te obligan a tragarte a la fuerza su nuevo trabajo.

Al grano: “Songs of innocence” es posiblemente su peor trabajo hasta la fecha.
Líneas arriba he dicho que U2 se ha convertido en un producto, y a producto huelen las canciones que lo componen, un producto pensado y creado para el disfrute del consumidor medio, ese que no escucha música con asiduidad pero cuando lo hace, le gusta escuchar “a los grandes”.
Los irlandeses nunca ha sido una banda de producciones sencillas, mostrando un inusitado interés en la elección de los productores y en las mezclas finales. El proceso de grabación de “Songs of innocence” ha sufrido innumerables retrasos debido a las dudas de la banda sobre el resultado final. Antes de llegar a nuestros oídos, las canciones de este disco han pasado por diversas manos que las han retocado una y otra vez, puliéndolas bajo la tutela de Bono&co con un ánimo casi enfermizo en lograr la perfección. En algún momento, entre tanto tejemaneje, estas canciones se quedaron por el camino y perdieron su esencia para convertirse en algo distinto a lo que eran inicialmente. Howie B (oh boy!), Paul Epworth (productor de Adele) y Ryan Tedder (de Beyoncé) a priori no parecen los productores adecuados para una banda como U2 (bueno, para ninguna banda), por lo que tuvieron que sumar la experiencia de Declan Gaffney y del siempre eficiente Flood para reconducir la situación. Ni aún con estas, el daño ya estaba hecho. Seguramente, llegó un momento en el la banda ya no sabía ni lo que quería, pero había que publicar el álbum en algún momento, y se decidieron por las mezclas que han llegado a nuestros oídos.
92373_1318422Envuelto en una producción excesiva que busca agradar al mayor numero de oyentes posible, gran parte del cancionero de “Songs of innocence” se diluye en una suave y peligrosa inocuidad extremadamente pop en la que quieren ser modernos, pero con un pie en sus clásicos; quieren sonar rock, pero lo ofrecen adulterado e irreconocible; quieren ser pop y provocan diabetes. En esta tierra de nadie, U2 se ha convertido en algo a medio camino entre Adele y los Black Keys, un monstruoso híbrido que no tiene razón de ser, inofensivo y banal.
“Iris (hold me close)”, “California”, “Raised by wolves”, “Volcano”… pura morralla sonora que en otras manos quizás hubieran podido ser canciones dignas. Otras, como “The Miracle (of Joey Ramone)”, resultan simpáticas pero caen presas de la indiferencia tras varias escuchas. Ni siquiera la eterna balada de la casa, esta vez bajo el título de “Song for someone” y que parece aspirar a ser el nuevo clásico instantáneo de la banda, logra remontar el vuelo. La parte final del disco contiene los cortes más interesantes, como “Sleep like a baby tonight” o “The trouble” un maravilloso dueto con mi bien querida Lykke Li, pero ya es tarde, muy tarde. El edificio está en llamas, el caballo está dentro de las murallas, el Titanic ha chocado, el airbag no ha saltado…

Una cosa sí le voy a conceder a “Songs of innocence”, y es que no tiene canciones especialmente irritantes (como sí lo hacían sus trabajos “post-Pop”) que buscan descaradamente ser un hit masivo cuando lo que son está más cerca del bodrio absoluto. Sí, querido lector, me refiero a, por ejemplo, “Elevation”, “Vertigo” o “Get on your boots”. Que corra la hiel.

PD: esta reseña está hecha por un verdadero fan de U2.

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