Pearl Jam – Lightning Bolt (2013)


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Pearl Jam parece estar viviendo una segunda juventud, no tanto en lo creativo, si no en la actitud con la que enfrentan su sonido. Con “Pearl Jam” (2006) se sacudieron de encima el polvo que, para algunos (no para el que escribe) habían acumulado con álbumes como “Binaural” (2000) o “Rioct act” (2002) y volvieron a sonar más vivos y dinámicos. Esta nueva etapa se asentó con “Backspacer” (2009), un disco que, sin ser mucho menos una reinvención, sí que orientaba a la banda a un sonido más comercial y standard, abandonando esa gravedad que parecía haberles invadido y reconduciendo su discurso hacia terrenos más ligeros, al menos en lo musical.

Ese sonido sigue presente en “Lightningh bolt”, un disco que engorda su discografía de estudio de una manera aceptable y que mantiene a Pearl Jam en una cómoda posición, sin riesgo alguno y con el piloto automático puesto. Mantienen el status quo y ya no quieren demostrar nada a nadie, ni mucho menos a sí mismos, y posiblemente eso conlleve cierta relajación a nivel compositivo.

El disco es un compendio de todas las influencias que los de Seattle han ido recogiendo a lo largo de los años. Esto incluye los tres patrones clásicos con los que Pearl Jam cortan sus canciones: hard-rock / medio tiempo / balada. Y esto ha sido así prácticamente desde el principio, funcionando como una extraña fórmula en la que alguno de los elementos aumenta o disminuye, dependiendo del álbum.

“Mind your manners”, el que fuera single de adelanto, es un potente corte, de afiladas guitarras, con un McReady tocando la guitarra con los Dead Kennedys en mente (en sus propias palabras); “Sirens” es una balada preciosista, muy refinada, acústica y que fácilmente podría sonar en la típica emisora de rock FM; “Sleeping By Myself” del album de Vedder “Ukulele Songs”, es desarrollada aquí para convertirse en un medio tiempo a banda completa, adquiriendo una notable y mejorada dimensión.

La única divergencia en su sonido en esta entrega es en “Let the records play”, donde juegan a no ser ellos y la jugada les sale casi redonda, con esa suerte de boogie rock juguetón que nos habla de la pasión por la música.

En cuanto a lo lírico, Eddie Vedder, principal letrista de Pearl Jam, tampoco iba a cambiar ahora. Es un tipo comprometido y extremadamente sensible, y eso siempre se ha reflejado en sus letras. Sigue a vueltas con la reafirmación personal “Mine is mine and yours can’t take its place!” o con sus relaciones paternas “father you’re dead and gone and I’m finally free to be me / thanks for all your fucked up gifts for which I’ve got no sympathy”, dejando lugar para la angustia existencial en “If I think too much I can get overwhelmed by the grace by which we live our lives with death over our shoulders”. Sin duda, su espíritu grunge sigue presente.

Quizás la corrección que mencionaba líneas arriba sea el mayor problema de Pearl Jam en la actualidad; el disco se escucha con facilidad, transcurre fluidamente, va gustando un poquito más escucha tras escucha, pero queda la irremediable sensación de que con el paso del tiempo pasará a ser, simplemente, otro de los discos que Pearl Jam ha seguido sacando tras “No code” (1996).

También puedes leer esta reseña en Rock and Roll Army.

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