Entrevista a Alex Cooper


alex-cooper-09-04-11Con motivo de la publicación del libro “Reflejos en el retrovisor”  en la colección “Mis documentos”, entrevistamos al líder de Cooper, Álex Díez. Lo que sigue es el resultado.

– “Reflejos en el retrovisor” forma un mosaico en el que se deduce tu eclecticismo musical. Eres un hombre que destila pasión por la música. ¿Te gusta hacer partícipe de ella a la gente, o la publicación de esta recopilación de anécdotas se debe simplemente a darle nombre y perfil a estas primeras entregas de la colección?

– Yo siempre he sido de compartir. La actividad que he desarrollado a lo largo de los años, profesional y extraprofesionalmente, siempre ha ido dirigida a eso: hacer canciones, programas de radio, fanzines, organizar conciertos y festivales, pinchar, tocar, montar la tienda de discos, ser el técnico de la Concejalía de Fiestas de mi ciudad. Cualquiera de estas acciones pierden su sentido si no existe receptor, alguien que las vaya a recibir. Sí que me gusta hablar de música, pero la verdad es que si el libro mío tiene tantas referencias musicales es porque he recopilado lo que había escrito antes, y en la mayoría de los casos me habían pedido cosas así. A pesar de lo anterior, creo que en el libro la música es muchas veces una excusa para hablar de algo más personal, si sabes leer entre líneas.

– Uno de los capítulos más interesantes puede que sea “Cooper en Alemania”. En él podemos sentir la incertidumbre que genera cada concierto, el traqueteo en la carretera, y el gozo de un concierto bien dado. ¿Girar de esa manera es tan romántico como parece, o puede llegar a ser una pesadilla?

– Yo tenía un amigo que se subía a la furgo y lo primero que decía era: “Esto no es vida…”. Y tengo otro que se lo pasaba tan bien con sus colegas, tocando y viajando, escuchando canciones en la furgo, todo el día de timba y viviendo el rock and roll en la carretera, que al volver a casa le tenía que mentir a su novia para que no se enfadara: “jo, vaya mierda, todo el fin de semana sin verte, haciendo kilómetros, para volver con 20 euros menos en el bolsillo, esto es una mierda, te he echado de menos..” y tal. Esto te gusta o no te gusta. A mí me encanta.

– ¿Dónde te sientes más a gusto tocando? ¿Prefieres salas con poca gente pero entregada o un escenario del FIB?

– Mi ideal sería tocar ante diez mil personas entregadas y fans de mi música. Tocar delante de cinco mil tíos que pasan de ti es un rollo; y tocar delante de 36 tíos superfans tampoco es lo mejor que me ha pasado. Se ha extendido la idea de que Cooper es más un grupo de salas, pero a mí no me dan miedo los escenarios grandes. Lo que es verdad es que nos lo pasamos mejor cuando vemos que la gente nos entiende, y hoy en día lo difícil es encontrar un público que no te pida que hagas lo que tú no quieres hacer. La liturgia del rock clásico no es para mí, hace años que la siento desvirtuada por el público mainstream, ése que piensa  que un concierto funciona solamente cuando ve a la gente con los brazos en alto dando palmas. Yo busco la intensidad y la emoción, y esos sentimientos son difíciles de expresar en comunidad.

– Leyendo “Reflejos en el retrovisor” da la sensación de que nos quedamos en la superficie, se echa de menos algo de desarrollo. Puede que se deba al formato. ¿Te planteas, quizás en un futuro, realizar algún tipo de autobiografía?

– Creo que tienes mucha razón en lo que dices, el formato busca ser ligero y de fácil lectura. Además, ya te he comentado antes que no he reescrito nada, he intentado ser fiel al concepto de “literatura circunstancial” de la colección, incluyendo solamente textos que estaban guardados en las carpetas del ordenador. Pero confío en que la lectura desordenada de estos fragmentos ayude a entenderme mejor, creo que sí que ofrecen una visión interesante de la persona. El valor que yo encuentro a estos textos viene dado por la diferencia de registros: no es lo mismo escribir para un prólogo de un libro que para un foro de internet, no es lo mismo contestar una entrevista de un blog, redactar una hoja de promo o un diario de gira. Y lo que se demuestra es que yo he hecho todo eso cuidando el detalle siempre, evitando la idea de que escribir eso era un trámite que había que pasar o un coñazo que me estaba quitando tiempo para hacer algo mejor. Cada vez que me han pedido una colaboración, yo lo he considerado como una oportunidad. Hay miles de tíos mandando mensajes desde el sofá a programas de teletexto, miles de tíos escribiendo en sus perfiles comentarios que no le importan a nadie; no tienen a nadie que se interese por su opinión. Yo me siento afortunado de ver que mi opinión cuenta; ya que me la piden será que es así… Y, no, no voy a escribir una autobiografía. Mi vida no es interesante, aunque espero que mi música sí que lo sea.

– Han pasado ya trece años desde la publicación de “Fonorama”. ¿Cómo valoras la evolución del nombre de Cooper, deser inevitablemente considerados la continuación de los Flechazos a lo que son hoy en día?

– Pues estoy muy muy orgulloso de las canciones y la obra, en especial del último disco y todo lo que lo ha rodeado. Y como vehículo de expresión personal, a mí me ha servido. Pero supongo que mucha gente tenía expectativas mayores, yo también las he tenido en algunos momentos, y ver que Cooper no juega en “las grandes ligas” se puede tomar como una decepción. Yo, a veces, me siento decepcionado, y otras veces me siento afortunado. Es un equilibrio inestable y peligroso, pero ya no tengo 25 años y lo sobrellevo con elegancia… creo.

– Podríamos decir que Cooper surge de la necesidad de continuar creando, sin la presión de pertenecer a una banda en la que, corrígeme si me equivoco, no te encontrabas a gusto debido a la notoriedad que habíais alcanzado en determinados círculos musicales. Viéndolo con perspectiva, ¿crees que has logrado ese objetivo?

– No exactamente, aunque sí que Los Flechazos nacieron como banda mod y a mí me apetecía tocar otras cosas pero no me apetecía “traicionar” la idea original, el motor que hizo que la banda se formara. Nunca sentí “presión”, siempre me salió todo de manera natural. Y cuando vi que ya no funcionaba, decidí dejarlo. Creo que Cooper ha sido una continuación digna, pero que me hubiera beneficiado desmarcarme de lo mod de una manera consciente. Siguen hablando de Cooper y nombrando Carnaby Street, Mary Quant, los Who y las scooters y cuando vas a vernos te encuentras una banda actual de sonido de pop de guitarras que tiene más que ver con Matthew Sweet, los Charlatans o La Habitación Roja que con el universo mod. Y eso despista un huevo. Pero yo no estoy para estrategias, haga lo que haga no me van a quitar la etiqueta. Además yo soy muy de etiquetas, no pasa nada.

– Cooper siempre ha practicado un sonido más cargado de guitarras que Los Flechazos. ¿Era algo que no podías desarrollar en aquella banda, o una simple evolución natural de tu sonido?

– Yo siempre he sido un guitarrista limitado, aunque bastante más sólido de lo que muchos piensan. Los guitarras, el grano, el tubescreamer, la saturación, son las señas de identidad del grupo… aunque a veces han quedado a un lado. Y en Cooper, las guitarras son un dos por uno, con Mario tocando sus riffs. Ha sido una evolución natural. Me gusta el ruido, estoy harto de que a la gente haya que dárselo “fácil”. Ahora todo el mundo quiere ser cantautor, yo prefiero meter bulla. Ya ves: demasiado nenazas para los rockeros, demasiado rockeros para los poperos. La historia de mi vida.

– Aunque no en pocas ocasiones has negado una posible reunión de los Flechazos, el tiempo suele hacer cambiar de opinión. ¿Hay posibilidades de veros juntos de nuevo?

– No nos juntaremos, no imagino cómo podríamos hacerlo. No me interesa. Yo creo que las bandas se juntan por la pasta. Sé que lo que voy a decir no se lo va a creer ni el tato, pero lo voy a decir igual: a mí no me gusta el dinero. No me gusta que me tomen el pelo, pero no hago las cosas por pasta, tiene que haber otro motivo. A mí no me gusta el dinero; el dinero huele mal.

– En su día ya diste las “diez razones para no volver a grabar un álbum”, en una lúcida carta publicada en diversos medios. Querría que me dijeras si todavía piensas igual, y que resumas en una sola frase por qué piensas que el concepto de LP está obsoleto.

– Sigo pensando lo mismo. Nadie busca “el disco perfecto” pero todos quieren escribir “la canción perfecta”.

– ¿Cómo te sentiste al volver a grabar LPs? ¿Fue por iniciativa propia, o por una “sugerencia” de Elefant records?

– Fue idea mía, la gente de Elefant no son de presionar a sus artistas. Mira, el mejor tema de Cooper es “Cierra los ojos”, canción que se editó en un single de regalo para los conciertos del 2002. Todavía estoy esperando que alguien escriba una crítica de ese single: como era un regalo, ni una sola revista hizo crítica de ello. Cuando se me ocurrió todo el lío de “Mi Universo”, los vídeos, la gira virtual, el documental, el dvd… estaba obligado a hacer un álbum o a enterrar a Cooper. Pues decidí hacerlo a mi manera, y mi sensación es que es mucho más que un álbum.

– En un mundo en el que las etiquetas se han difuminado, para bien o para mal, ¿qué significado tiene seguir siendo un abanderado mod?

– Yo no pretendo serlo, siempre he sido un mod más. Y mi manera de entender el culto mod no es, ni mucho menos, la más popular en mi entorno. A mí me encanta la palabra mod, y me encanta el concepto. Me gusta esa lucha constante entre modernidad y tradición, entre innovar y a la vez no perder las raíces o los signos de identidad. ¿Tú quieres a tu familia? Yo también a la mía. Y los mods son como mi otra familia.

– ¿Qué nos puedes decir del PurpleWeekend? ¿Es un tema espinoso para ti?

– Mucho, hace trece años que no tengo nada que ver con el festival y me siguen preguntando por él cada mes. Es difícil de explicar todos los factores que han concurrido para que yo me sienta tan maltratado en mi propia ciudad, y es doloroso además. Sólo te puedo decir que cuando se celebra el Purple en Diciembre, yo intento marcharme de León para no verlo. Es como ver a tu novia con otro tío, supongo.

– ¿En qué está trabajando Alejandro Diez en estos momentos?

– En La Resistencia Sonora. En crear un clima propicio para que a la gente que ha consagrado en este país su vida a la música se la valore por sus méritos reales, y no por su éxito comercial o por su capacidad de adaptarse a las modas del momento. La colección de “Mis Documentos” es una parte de todo esto, puede decirse que el germen, pero llegarán más acciones. Ante una agresión puedes bajar la cabeza o resistir, y yo no estoy dispuesto a aceptar que se criminalice el hecho de que un artista tenga personalidad y carácter propios. Hay una generación cuyo objetivo prioritario es sorprender, pero hay otra igual de válida que está aquí para emocionar. Habrá que favorecer la convivencia de las dos posturas.

También puedes leer esta reseña en Rock and Roll Army.

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