Aquellos maravillosos años… de Death Metal (1989-1993)


Parte 1

El altar de la locura.

Hace poco, me preguntaba con un amigo ¿qué ocurrió en el mundo del metal entre finales de los 80 y principios de los 90, para que se publicaran semejante sucesión de discos increíbles? Nos referíamos en particular a la impactante escena de Death Metal que se consolidó, y que nos dio discos monumentales que hicieron avanzar el metal hasta lugares que tan siquiera sospechábamos.

Podemos entender el Death como una evolución natural del heavy metal, pero más rápido, más duro, más violento. ¿El trash metal no era ya todo eso? Sí, y el Death lo llevó al siguiente nivel. Cada vez más rápido, más fuerte, más duro.

Guitarras distorsionadas, tonos oscuros y graves, voces guturales, baterías y dobles bombos a velocidades imposibles y letras que podían incluir temas tan variados como el fin del mundo, necrofagia, asesinato, guerra o tripis cósmicos…

Podemos rastrear los orígenes del género en Venom, o en el grupo Possessed, que ya acuño el término “Death Metal” en una demo del mismo título. Slayer y su “Reign in blood” (1986) establecieron el primer paso en firme hacia un nuevo sonido, en cuanto a temática y tipo de composición. Sólo había que darle un último toque.

Ese toque llegó en 1989.

ImagenAunque en 1989 los americanos Death ya habían publicado un seminal “Screamig bloody gore” y un visionario “Leprosy” (ya hablaremos de la banda de Chuck Schuldiner  más adelante), el definitivo asentamiento del género comienza en 1989, con la publicación de “Altars of madness”. Desde la soleada Florida, nos llegaron ritmos maquiavélicos, riffs quirúrgicos y letales y solos de guitarra tortuosos, junto con una manera de cantar que te ponía los pelos de punta. Eran Morbid Angel, y ya nada volvió a ser lo mismo.

“Altars of madness” es un álbum capital por varios motivos. Establecía un sonido apocalíptico y las pautas a seguir en cuanto a técnica y tiempos. El evidente poderío vocal de David Vincent, con esa sangrante y burbujeante voz, escupiendo letras satánicas, de magia oscura, con ecos de Lovecraft, se unía a unas guitarras milimétricas que diseccionaban al oyente con la precisión de un cirujano. Creando complicadas estructuras musicales y unos solos absurdamente buenos y rápidos el guitarrista Trey Azagthoth se convirtió pronto en uno de los guitarristas más venerados. Y qué decir de la apabullante aptitud de Pete Sandoval para machacar la batería. Nunca el doble bombo había sonado a tal velocidad.

Su influencia está en los posteriores álbumes de un género al que definió. El trash metal se estaba quedando obsoleto. Algo nuevo había surgido y amenazaba con engullir todo el metal conocido.

Toda la energía que Morbid angel había puesto en marcha cristalizaría en 1990, con la publicación de tres álbumes que pondrían patas arriba la escena metálica.

Parte 2

La muerte cristaliza.

Los americanos Deicide emergieron en 1990 de las soleadas playas de Florida con un primer álbum homónimo que se convirtió en un clásico inmediato.

Elevaron el nivel de agresividad con unas letras orientadas principalmente a expresar su encarnizado odio por el cristianismo, aunque también había hueco para perturbados como Charles Manson o Jim Jones. Glen Benton, líder y vocalista, era una figura oscura que profetizaba su propia muerte a la edad de 33 años, en clara y perversa alusión a la figura de Jesucristo. Musicalmente, Deicide no daban tregua. No especialmente técnicos (característica esencial para cualquier banda de Death Metal que se precie), suplían esa carencia con un sonido más agresivo y violento, a todos los niveles, que sus congéneres. A unas guitarras graves y una batería a piñón fijo, añadieron como toque distintivo un juego de coros que parecían salidos directamente de las gargantas de los demonios más abominables.

Éramos jóvenes e impresionables, y Deicide acojonaban. Mucho.

Para completar el tríptico proveniente de Florida, nos faltaría nombrar a Obituary.

Algo ocurre con el sol de ese estado, que hace surgir bandas tan brutales como esta que nos ocupa o como los antes mencionados Morbid angel y Deicide.

Con la publicación de su segundo álbum, “Cause of death”, Obituary se posicionó como uno de los grandes del género gracias a esas guitarras intensas, oscuras y áridas y la característica voz de John Tardy, cuyos inhumanos alaridos son reconocibles a primera escucha aunque los pinchen en una discoteca de reggaetón.

Como colofón de aquel increíble 1990, vamos con un disco de esos que jamás morirán ni será olvidado.

Death era la banda de Chuck Schuldiner, un tipo de Orlando que se tomaba esto de la música muy en serio. “Spiritual healing”, su tercer álbum, supuso la confirmación de que el Death Metal podía sonar igual de salvaje sin perderse en blasfemias y temas de alta-velocidad. Un sonido claro y contenido en apariencia, pero que llegaba a lo más instintivo y primario de metal-head clásico, “Spiritual healing” es la piedra angular del Death Metal. Sin él, no puede entenderse la trascendencia que este género tuvo durante unos breves años.

Letras que se alejaban del típico “odio a Cristo / Hail Satan” para abordar temas bizarros, como el consumo de cocaína en mujeres embarazadas en canciones como “Living Monstrosity” (Chuck dixit) nos acercaban a la particular y retorcida visión que Chuck tenía del mundo. Con tan sólo 22 años, sus habilidades compositivas y su técnica como guitarrista estaban prácticamente en lo más alto, y la complejidad y limpieza en la ejecución de la que hacía gala el álbum hizo que perdieran a alguno de sus primigenios fans, pero sin duda ganaron muchos más. Junto Con “Altars of madness”, son en mi opinión los dos mejores álbumes de Death Metal jamás publicados.

A final de 1990, el género había eclosionado en algo enorme. Faltaba madurarlo.

Parte 3

Oscura madurez

Tras su eclosión como género extremo, polémico y agresivo, llegamos a los inicios de los 90 con un Death Metal joven, pletórico y en plenas facultades.

Tras los primeros álbumes de algunas bandas capitales, que sirvieron como asentamiento, faltaba discernir si todo aquello tendría una continuidad.

1122 Estamos en 1991 y “Blessed are the sick”, el ambicioso segundo álbum de Morbid Angel, suponía un paso de gigante en todos los niveles. Un sonido más moderado (dentro de unos límites, naturalmente) denso y oscuro que en “Altars of madness” hizo que muchos se replantearan la confianza que previamente se les había otorgado. La guitarra de Azagthoth suena más compacta y adulta, sacudiéndose en el proceso cierta frescura y creando algunos riffs satánicos, como en el tema “Blessed are the sick / leading the rats”que da nombre al álbum, y que define perfectamente la atmósfera insana del álbum.

Morbid Angel no tienen miedo a incluir sonidos que aparentemente no tienen nada en común con su música pero que acaban casando a la perfección en el conjunto, ayudando al lúgubre y sombrío resultado final. Así, encontramos múltiples matices a lo largo del disco incluyendo interludios tétricos como la flauta mefistofélica de “Leading the rats” o el órgano embrujado de “Doomsday celebration”.

Aunque con este segundo álbum perdieron cierta energía (el factor sorpresa había desparecido) ganaron en maestría y el tiempo ha acabado poniendo “Blessed are the sick” en el lugar que le corresponde dentro de la biografía del grupo.

Seguimos en el 91. Death lo tenía difícil para continuar “Spiritual healing”, y sin embargo publicaron un álbum prácticamente a la altura del anterior. “Human” continuaba desarrollando las neurosis de su líder Chuck Schuldiner , alejándose del gore de sus dos primeros álbumes y profundizando en temas psicológicos e introspectivos. Más técnico que “Spiritual”, el ligero cambio estilístico supuso el acercamiento a desarrollos cercanos a lo progresivo y la integración de tics ajenos al género (¿sólo me lo parece a mí, o en ocasiones la base rítmica suena jazz?) siendo el inicio del sonido que posteriormente se seguiría desarrollando en posteriores álbumes, aunque con menos acierto.

Con unas cuidadas melodías y una obsesión enfermiza por el perfeccionamiento, “Human” supuso el espaldarazo definitivo a la carrera de Death, dejando un listón demasiado alto.

Ya en 1993 publicaron “Individual through patterns”, un álbum que aun siendo excelente, denotaba cierto agotamiento creativo, perdiendo potencial en pos de un aumento en la complejidad compositiva.

Pero no nos saltemos 1992. Ese fue el año en el que el álbum homónimo de Metallica (publicado en el 91) se coló en las casas de medio mundo, o de la publicación del “Countdown to extinction” de Megadeth. Ambos álbumes fueron recibidos con disparidad de opiniones en el siempre estricto mundo del Metal. Sólo una cosa quedaba clara: habían perdido agresividad y parte de su credibilidad. Para los que sólo nos preocupaba mover la cabeza hasta que saliese disparada de nuestros hombros el Death Metal era la única dirección a tomar.

Ese año se publicaron dos discos muy importantes para el género.

Deicide nos impresionó aún más que con su debut al publicar “Legion”. Sin haber apenas novedades ni cambios estilísticos, ese álbum tiene un algo que hace que supere a su predecesor. Posiblemente sí que sea más ambicioso, y de alguna manera habían mejorado como músicos. Ya la introducción de “Satan Spawn the Caco-Daemon”, con esos sonidos de ovejas emulando al rebaño cristiano mientras una voz espectral recita el título de la canción al revés, te prepara para un torbellino de poco más de media hora que te arrastra a unas letras directamente satánicas, llenas de odio y adoración por partes iguales dependiendo de quién sea el receptor del mensaje. Si a todo esto unimos la controversia que rodeaba a la banda (prohibiciones de tocar en diversos lugares, atentados-bomba fallidos por parte de fundamentalistas cristianos), y el aura maligna de su líder (recordemos que vaticinaba su muerte a los 33 años), encontramos que Deicide era sin duda la banda más peligrosa del momento.

Obituary publicó en 1992 un totémico álbum llamado “The end complete”, siendo uno de esos extraños álbumes que tienen un sonido tan especial e inimitable con una guitarras graves y unos riffs que en ocasiones se tornan en una espiral enfermiza que te lleva a oírlos una y otra vez. Por favor, óigase “Bactk to one” para entender lo que fútilmente intento explicar.

Los característicos aullidos de John Tardy y las graníticas guitarras de Trevor Peres definen el mejor álbum de Obituary. Realmente imprescindible.

Volviendo a Morbid Angel y cambiando de año, el golpe definitivo para la instauración de su hegemonía vino en 1993 con la publicación de “Covenant”. Los primeros segundos del álbum, con el impactante inicio de “Rapture” ya dejaban claro que posiblemente estábamos ante el álbum definitivo de la banda. Aunque ya dije con anterioridad que “Altars of madness” me parecía su mejor disco, quizás se deba a cuestiones sentimentales y un superior número de escuchas. Revisitando “Covenant” el adolescente que hay enterrado en mí surge de nuevo para estremecerse ante la oscuridad inmensa que emana de los surcos de este disco. Recuperan la energía perdida en bombas atómicas como “Pain divine” o “Angel of disease” y la integran con el fúnebre sonido desarrollado en “Blessed…” cristalizando en el dantesco riff the “World of sith / the promise land” o la terrorífica “God of emptiness”.

En definitiva, la sombra de Morbid Angel se hizo muy alargada, y prácticamente nadie podía salir de ella.

Hasta la puta MTV se hizo eco de ella, con todo lo bueno y malo que eso supuso para el género.

En esta época dorada del Death Metal nos hemos centrado prácticamente en la escena de la costa Oeste de EEUU, pero hubo otras muchas que se hicieron un hueco en la memoria colectiva del metal, como los oníricos Pestilence con su “Testimony of the ancients”, los saturados Entombed con “Clandestine” (1991) o “Wolverine blues” (1993) o los fuera del sistema Napalm Deah con “Utopia banished”(1992) . Alguno sangrará por los ojos al ver que no he incluido a Cannibal Corpse, o a Carcass, pero no era la intención de este artículo el hacer un análisis concienzudo del género. Simplemente quería recordar con cierta nostalgia un momento metálico apoteósico en el que determindados álbumes pasaron a formar parte de mi banda sonora.

El periodo comprendido entre 1989 y 1993 fue un periodo fértil y de alegría en el mundo metálico, en los que la influencia de la las mareas, de la luna, de los fuegos del infierno o una mezcla de todos ellos, produjo una excelente colección de álbumes que difícilmente podrán ser superados.

Parte 4

Cotidianeidad

Tras aquellos maravillosos años, el Death como género pasó, poco a poco, a convertirse en algo cotidiano, en otro sub-género dentro del Metal asimilado por las masas. En el “Headbangers-ball”de la MTV ya no era extraño ver a todas estas bandas, grabando videos para promocionarse y dejando de lado la escena underground que les vio nacer.

David Vincent abandonó Morbid Angel , Glen Benton no murió a los 33 (vaya chasco) y en general, ninguna de las bandas a las que hemos dedicado este artículo fue capaz de superar sus logros.

En 2001,  Schuldiner murió de neumonía y una de las bandas insignia del género desaparecía, generando un punto de inflexión.

En la actualidad, otros mejor que yo podrán hablar de la continuidad del género.

También puedes leer esta reseña en Rock and Roll Army.

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