Black Sabbath – 13 (2013)


“Is this the end of the beginning or the beginning of the end?”, se pregunta Ozzy en la primera frase del album. Pues no lo sé colega, dímelo tú. ¿Esto es un nuevo comienzo, o es un intento de dar un digno final a una historia que interrumpisteis, drogas a go-go y alcohol por medio, hace 35 años? (y así dieron paso a Dio, que tampoco el drama fue para tanto). Sí, es cierto, han pasado 35 jodidos años desde la publicación del crepuscular “Never say die”.

Toda una vida.

O varias, para algunos. Desde entonces, Ozzy ha sacado algún buen disco (muy pocos, la verdad), ha comido cabezas de murciélagos sin cocinar y ha participado, con su ecléctica familia, en un didáctico reality show que nos enseñaba los efectos de las drogas a largo plazo. Hay señoras mayores en la fila del Mercadona que se intentan colar con energía y desparpajo y que están mucho más en forma que el Ozzy actual, que apenas puede dar su famoso (y patético) salto de la rana. Así que la pregunta que flota entre las satánicas nubes negras que se atisban en el horizonte es, ¿qué interés pueden tener en regresar ahora?. Está claro, el económico.

black-sabbath-13-1370285735La formación original de Black Sabbath  ha puesto toda la carne en el asador en una campaña publicitaria pensada hasta la última coma para crear expectación. La formación original, digo, o al menos tres cuartas partes de ella, esto es, Ozzy Osbourne, Tony Iommi y Geezer Butler. Ninguno de los tres parece haber tenido remilgos en sustituir al defenestrado batería Bill Ward por Brad Wilk de Rage Against the Machine (¡!). Los sueños húmedos de algunos y las peores pesadillas de otros se han convertido en realidad. Han vuelto a grabar nuevo material. Esta vez no sólo han sido conciertos de reunión, ni giras veraniegas, ni Ozzfest ni nada. Temas nuevos. La bruja vuelve a mirarnos desde los arbustos.

El caso es que, por mucho que me joda la publicación de este disco debo reconocer que si uno se abstrae poderosamente y logra apartar de su mente la cara de esquizofrénico paranoide de Ozzy mientras lo escucha, la verdad es que es un más que aceptable álbum de heavy metal. Con una soberbia producción, por obra y gracia de San Rick Rubin, Black Sabbath vuelven a brillar en algunos momentos, resultando casi conmovedor escuchar esos ritmos endemoniados y maquiavélicos marca de la casa y esa voz tan característica y un tanto gangosa que canta de nuevo sobre los mismos tópicos (“doom”, “gloom”, “darkness”, “god” o “evil” son palabras que deberían salir en todos los álbumes de metal que se precien de serlo, o aspiren a ello). No voy a negar el principal problema del álbum, que es la manera en la que juegan con nuestros sentimientos auto plagiándose de forma descarada. Casi cada nuevo tema lo puedes entroncar con alguno de sus cinco primeros álbumes, siendo cuando el plagio no es tan evidente cuando mejor te lo pasas escuchándolo.

Dejando a un lado el entusiasmo (o no) que pueda despertar en mi interior esta colección de canciones, debo reconocer que escuchar “13” es como volver a un lugar que recuerdas con cariño, y encontrarlo familiar pero ligeramente cambiado y decadente. Es, si me permitís la comparación, como follar con una ex-novia y pasarlo bien, pero realmente darte cuenta de que ha sido un terrible error. Como leéis, sentimientos encontrados.

¿Qué tipo de reseña es esta, que está llegando a sus últimas líneas y no ha mentado ni una sola canción del disco? os preguntaréis. Realmente tampoco creo que haga falta hacerlo. Ya las habéis oído antes.

Tras meses de espera, y sin saber muy bien qué esperar, “13” ya está aquí, para lo bueno y para lo malo. Un retorno digno, pero que no hacía falta.

PD: En los últimos segundos de la última canción del álbum, podemos oír lluvia y truenos. Qué perros son, cómo saben…

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