Dos días en el Primavera Sound – Parte 2


Sábado

Empezamos la jornada de manera inmejorable, con los valencianos Betunizer y su hardcore funk. Aunque actuaron a una hora intempestiva (las siete de la tarde) su particular manera de hacer música hizo mover el esqueleto a más de uno. Con su segundo álbum, “Boogalizer”, se han convertido en una de las propuestas más interesantes del panorama nacional y hubieran merecido, al igual que el viernes lo hizo Pony Bravo, un mejor lugar en el horario del festival.

Haciendo tiempo, visitamos la barraca de Smint (eso no es un escenario, es una barraca) para ver como Josele Santiago hacia un desgarrador acústico, aunque no fuese ni el momento ni el lugar.

Como Rodríguez se había caído del cartel, vimos a Chucho en su lugar. La banda de Femando Alfaro podrá tener ciertas limitaciones, pero con el puñado de buenas canciones que tienen a sus espaldas te pueden llenar una hora de la mejor de las maneras. La perspectiva del tiempo le está sentando bien a las composiciones del manchego.

El sábado está claro que era el día de las cancelaciones. Band of horses no pudo acudir al evento, ya que los tornados sufridos en Oklahoma les impidieron coger el avión. Deerhunter, que ya habían tocado el jueves, los sustituyeron. Una medida un tanto desafortunada, ya que con esa actuación iban a sumar tres a lo largo del festival. ¡También tenían programado hacerlo en la fiesta de clausura! Empacho de ciervo, creo yo.

Para tornado el de The Oh sees, que nos hicieron pasar el tiempo con su energía desbordante hasta la hora en que Nick Cave hizo su particular “veni vidi vinci”. Acompañado por sus Bad seeds, el tipo se movía por el escenario como una pantera al acecho, destilando elegancia y sobriedad en un ambiente lúgubre y tenso. Aunque Nick Cave se erige como protagonista de esta suerte de aquelarre musical, no hay que obviar a Warren Ellis (guitarra, violín, magia negra) que actúa como perpetrador del mismo, siendo para el resultado final casi tan importante como el mismo Cave. Y así fueron cayendo temas como “Jubilee street”, “Red right hand” o “Jack the ripper”, casi sin tiempo a recuperarnos de la intensidad que desde el escenario nos transmitían.

Una-Semana-en-el-Motor-de-un-AutobúsNunca podré perdonarme a mí mismo el haber dejado a Nick Cave a falta de unos minutos para acabar su directo para irme a ver a Los Planetas (mierda de horarios estos del Primavera). Los granadinos interpretaban “Una semana en el motor de un autobús”, casi unánimemente considerado el mejor álbum de su carrera, y la ocasión se antojaba mítica. Aun así, conforme me acercaba al escenario no podía evitar sentir como se me erizaban los pelos de la nuca. Los Planetas son capaces de todo, para lo bueno y para lo malo, y la verdad es que llevan unos años sin levantar cabeza. Mis peores temores se hicieron realidad cuando comenzó “Segundo premio” y al pésimo sonido (¡la guitarra de Floren apenas se oía!) había que sumarle una actitud lamentable de J. Indiferente, apagado, apático… No podía sacarme de la cabeza ese trallazo de Betunizer que había escuchado unas horas antes y que se llama “Imagina que matas a J”. El concierto sólo se salvó por las excepcionales canciones que contiene el disco que vinieron a interpretar. Escuchar “ciencia ficción” “Toxicosmos” o “la playa”, aunque fueran desganadas, salvó a la banda de la quema. Los Planetas pasan de ellos mismos, y hacen que los demás pasemos de ellos. Se lo están ganando a pulso. Qué digo están, ya lo han hecho hace tiempo.

Con un sabor agridulce en la boca, sólo nos quedaba el colofón de ver a My Bloody Valentine (no valoré la posibilidad ver a Crytal Castles ni un milisegundo). Personalmente, era el concierto que más ganas tenía de ver, el que esperaba con más expectación. Este 2013, y tras 22 años sin publicar álbum, los de Kevin Shields habían vuelto al ruedo. Tras tantos años en barbecho, las expectativas que en general han despertado son altísimas. El álbum, llamado simplemente “MBV”, está a un nivel muy alto. Sólo faltaba comprobar su estado de forma en directo.Sobre las 2:30 de la madrugada, salieron al escenario dispuestos a hacernos temblar con un set list fabuloso, de ensueño, escogiendo con atino canciones de sus tres álbumes  de sus mejores singles y EPS. Los irlandeses se escudaron tras un muro de sonido tan brutal que sus voces fueron engullidas y había que hacer un tremendo ejercicio de concentración para discernir en qué momento del tema te encontrabas. Kevin Shields y Belinda Butcher miraban al infinito, ignorando al público e insinuando con su actitud un “esto es lo que hay”.

Jugando con el ruido como elemento desorientador y acongojante, nos exigieron permanecer en tensión con la máxima atención. Los no devotos de la banda no pudieron soportar el stress, y fueron abandonando las primeras filas aturdidos por el maremágnum sonoro que nos golpeaba, llegando al clímax final con los cinco minutos de puro ruido que sirven de interludio a mitad de “You made me realize”.

Tras acabar el concierto, te encuentras con la sensación de que te han dado una sonora bofetada, y no sabes de donde te ha venido.

Puro shoegaze, no como lo de Jesus and Mary Chain. Para mí, el festival había acabado. Recogí mis riñones y, tras atravesar miríadas de zombies hipster, me fui a dormir.

También puedes leer esta reseña en Rock and Roll Army .

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