Dos días en el Primavera Sound – Parte 1


Y por qué dos, os preguntareis, si el festival dura 3 días? (sin contar inauguraciones y clausuras). Pues por la sencilla razón de que no se puede llegar a todo, y mejor poco que nada.

Dicho esto, comencemos.

Viernes

Nada más llegar, a la horrorosa hora de las 18:00h, Pony Bravo y su habitual desparpajo nos hicieron pasar un buen rato, teniendo la oportunidad de escuchar en directo las canciones de “De palmas y cacerías” su último trabajo. “Político neoliberal” o “Mi DNI” (tema que ya tocaban en la gira presentación de su anterior trabajo) acompañaron a alguno ya clásico, como “la Rave de Dios”, conformando casi una hora de glorioso concierto, en el que los andaluces se ganaron el derecho a un lugar mejor en la zona horaria del festival.

Tras pasar un rato visitando los chiringuitos del festival, nos fuimos a ver a Django Django, cuyas camisas asimétricas fueron más comentadas incluso que el pésimo sonido que se percibía desde determinadas partes del recinto. Aun así, defendieron con ganas su álbum homónimo, con un cancionero poco ortodoxo lleno de psicodelia surf, juegos vocales y sonidos electrónicos. Un grupo interesante del que habrá que observar su evolución.

Pasamos de largo a The Breeders, siempre me han parecido aburridos, para acabar viendo un desangelado concierto de Shellac. La respetada banda de Steve Albini no logró hacernos conectar con su noise trasnochado, lo cual nos llevó a vagar sin alma por los diversos escenarios, esquivando hordas de modernillos entre los que aparentemente no desentonamos del todo, y acabamos viendo a los argentinos Go! Neko, que con su space-rock hipervitaminado lograron devolvernos la energía que la noche de perros que hacía había logrado arrebatarnos.

De vuelta al escenario grande, Jesus and Mary Chain dieron un aceptable concierto, plagado de clásicos, sólo lastrado por la actitud de Jim Reid, cuya falta de energía sobre el escenario penalizó el resultado de un concierto que debería haber dado mucho más de sí. Siendo unos de los pocos grupos vivos de “shoegaze”, los escoceses sonaron demasiado convencionales y limpios. Habría que esperar al sábado y a My bloody Valentine para ver una verdadera lección de este sub-género del rock.

blur-primavera-soundEl colofón al viernes lo pusieron, sin duda alguna, Blur.

Los niños mimados del Reino Unido, en tiempos abanderados de aquella odiosa etiqueta (¿no lo son todas?) llamada brit-pop, se encuentran en un momento dulce, girando por festivales sin la presión de publicar discos ni de compromisos contractuales. Viviendo de rentas, vamos.

Poder verlos (en plena forma debo añadir) tras tantos años, es un auténtico lujo.

Sin querer restar méritos a parte de la banda, debo decir que Blur se sustenta en dos pilares fundamentales, como bien pudimos comprobar a lo largo del concierto. Uno de ellos, naturalmente es Damon Albarn, un tipo al que le he cogido mucha simpatía con el paso del tiempo. Ha demostrado que es un tipo inquieto y atrevido, musicalmente sin complejos, que tras Blur creó Gorillaz, Dr. Dee o The Bad the Good and the Queen. Con más errores que aciertos, pero con gran éxito comercial, Damon ha crecido como artista hasta conseguir un estatus privilegiado del “establishment” musical. Sobre el escenario Heineken del Primavera, estuvo más centrado en cantar que en correr como hacía en sus tiempos mozos y conectó totalmente con un público entregado desde el primer segundo.

El segundo pilar es el guitarrista Graham Coxon. Su particular manera de tocar la guitarra, sus “anti-solos” y su imagen tímida y desaliñada forman parte de Blur de una manera tan indisoluble que Blur sin Coxon no son nada (como demostraron al sacar aquel aburrido álbum sin él). Artífice del sonido más americano de la banda, gracias a él evolucionaron a sonidos alejados del brit pop, culminando en alguno de los momentos más brillantes de su carrera.

El concierto comenzó con un trío de ases, tras los cuales ya no había marcha atrás. “Girls & boys” provocó enfervorecidas mareas humanas, amasijos de carne que se movían al son de uno de los temas más emblemáticos de la banda. Tras él, “Popscene” nos hizo temer por nuestra integridad física. El público alcanzó el paroxismo, no había escapatoria, o saltabas y bailabas o morías. Con “There’s no other way” nos dejaron a todos exhaustos y por fin el público se tranquilizó tras la histeria inicial. Había muchas ganas de Blur, estaba claro.

La luna llena como espectador excepcional observó cómo hubo momentos para continuar el éxtasis colectivo con “Parklife” o “Country house”, otros más introspectivos con “Caramel” o “Timm trab”, sencillamente memorables con “Beetlebum” y el karaoke multitudinario de “Tender” y un final de concierto irrepetible con “The universal” y como no, “Song 2”, con la que todos gastamos el último resuello.

Gran final para un concierto impecable y equilibrado, de una banda que ha mejorado la percepción inicial que se tuvo de ella, mejorando como el buen vino, con el paso de los años. De pijos de extrarradio a banda generacional. Sobresalientes.

También puedes leer esta reseña en Rock and Roll Army.

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