“Posesión infernal” de Federico Álvarez (2013)


Posesión jodidamente infernal

Posesión infernal (Evil dead) , un clásico de serie B en el cine de terror, perpetrado en el año 1981 por el casi siempre genial  Sam Raimi, es una película de esas llamadas de culto, que ha ganado con el paso de los años una generación de fans irredentos que adoran no sólo ese primer film, si no los otros dos que le siguieron. A saber, Terroríficamente muertos y El ejercito de las tinieblas.

Aquella primigenia Posesión infernal introducía elementos ahora ya clásicos en el cine de terror, cómo la cabaña en el bosque, la trampilla a un sótano oscuro, travelling vertiginosos y el libro maldito que origina todo (llamémoslo Necronomicón, Libro de los muertos, o la biografía de José María Aznar, da igua). Todo ello mezclado con un macabro sentido del humor, una desenfadada puesta en escena, sin olvidar a Ash, su carismático protagonista, han hecho de esta película un clásico sagrado.

En pleno 2013, el propio Sam Raimi guioniza y produce este remake, que abandona cualquier sentido del humor (a no ser que lo tengas muy retorcido) y se nos presenta como una de la película más terrorífica jamás rodada. Obviando el marketing, siempre dispuesto a lavarnos el cerebro, la película es realmente aterradora. Contiene los suficientes elementos para lograr que, durante hora y veinte, estés pegado a la butaca esperando el siguiente golpe de efecto o “susto”.

El planteamiento es casi idéntico a la original.  Un grupo de jóvenes se recluyen en una cabaña en el campo para lograr que una de ellas abandone las drogas. En esa cabaña encuentran un extraño y fatídico libro que parece encuadernado en piel humana. Tras leer unos pasajes del mismo, un espíritu maligno queda libre en el bosque.

A partir de ese momento, una de las chicas queda poseída por el susodicho espíritu, y ya no habrá apenas un instante de respiro en una sucesión de escenas que pueden llegar a convertirse en clásicas, como el mismo momento de la posesión, el apoteósico y sangriento final o el irrepetible momento del cúter.

Una fotografía sucia y oscura, con unos colores apagados (salvo el rojo), aumentan el desasosiego que las imágenes producen en el espectador. Grandes dosis de violencia, sadismo y gore elevan la apuesta de esta revisión respecto a la original, logrando (a tenor de lo vivido ayer en la sala de cine) el efecto deseado en el espectador menos bregado en el cine de terror.

Vamos a partir de la base que, generalmente, los remakes no pasan de ser meras actualizaciones generalmente en detrimento del producto original. Posesión infernal no es una excepción, y si caemos en el error de compararla con su modelo y exigir de ella más de lo que puede dar, perderemos la oportunidad de disfrutar de una película de terror excelente.

Anécdota: Mientras salíamos del la sala, oí como una señora le decía a su marido “que espanto por Dios, que espanto”. Exactamente eso es lo que quería conseguir el director.

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