El caballero Oscuro: La leyenda renace (Christopher Nolan 2012)


Imagen El visionado de una película de Christopher Nolan, si se está predispuesto, puede suponer una experiencia agotadora. El director gusta de someter, no sólo a sus personajes, si no también al espectador, de una tensión tal, que cuando el clímax llega y el nudo se desata, la sensación de alivio puede ser inmensa.

“El Caballero Oscuro, la leyenda renace” es otra creciente y ambiciosa espiral de puro Nolan, un puzzle perfectamente planeado que se va construyendo conforme pasa el metraje para acabar formando un poliedro casi impoluto.

Y digo casi por que, no dudo de que la película esté perfectamente milimetrada, pero es esa obsesión por hilar fino lo que acaba haciendo aguas en algunos momentos. Es la ambición de la película por ser perfecta, por ser la película definitiva del murciélago, lo que hace que la historia sature. La espiral da tantas vueltas que puede acabar desorientando al espectador o peor, haciendo que pierda el interés.

Dos horas y cuarenta y cinco minutos no le han bastado al director para contarnos todo lo que ha querido contarnos. La magnitud de lo que sucede parece ser tal, que se le escapa entre las manos, no cabe en la pantalla, se escurre entre fotograma y fotograma. El que mucho abarca poco aprieta, que suele decirse. Demasiados frentes abiertos y demasiados personajes que parecen necesitar su momento de gloria en la película, provocando una falta de profundidad en los mismos.

Y no es que la película tenga una trama complicada o un guión elaborado. La película se puede resumir en una o dos frases:

“Un terrorista llamado Bane quiere hundir Gotham, como ejemplo de la decadencia de Occidente, en la más pura anarquía. Esto obligará a un deprimido Batman a salir de su ostracismo para volver a combatir el mal  y devolver el status quo. ”.

 El resto, es puro artificio. Del bueno, eso sí. Por que si algo hemos sacado en claro de la trilogía del Caballero Oscuro es que Christopher Nolan sabe hacer películas de acción rotundas: Violentas peleas, persecuciones, vehículos futuristas, explosiones, derrapes, disparos y una acertada banda sonora como elemento acuciante y conductor de las escenas más vertiginosas. Y es que esas escenas de acción no lo serían tanto sin esa música abrumadora que casa perfectamente con las imágenes, creando entre ambas una simbiosis generadora de pura adrenalina.

Antes comentaba cómo Christopher Nolan somete a sus personajes a situaciones límite. Esta vez, se ha superado. Esta vez, Batman es llevado más allá de sus propios límites, no sólo poniendo a prueba su condición física, si no también mental. Para mí, uno de los momentos clave de la película es esa metafórica prisión bajo tierra en la que Bane deja a un abatido, y derrotado en todos los aspectos, Bruce Wayne. Ésta funciona, no sólo como elemento que priva de la libertad al personaje, si no también como un lugar profundo de la mente al que caes cuando no hay esperanza y todo se ha roto. Un lugar del que, para salir, no solo necesitas fuerza, si no también coraje, arrojo y ganas de vivir. Tener miedo a perder las cosas que hacen que todo valga la pena espolea a seguir adelante y no dejarse vencer. El binomio indivisible que forman Bruce Wayne y Batman no sólo superan la prueba, si no que salen reforzados de ella con el ímpetu y el espíritu de sacrificio necesario para afrontar el apocalíptico escenario que se le presenta.

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Bane no tiene ese sex appeal que tenía el Joker, pero la verdad es que su pose de anarquista pretendidamente libertario funciona realmente bien. Sus proclamas incendiarias y su demagogia de manual llama poderosamente la atención. Sus expeditivos métodos no encuentran freno en su deconstrucción de la debilitada y adormecida sociedad moderna, a la que considera podrida hasta la médula. Bane ve Gotham como una Babilonia que hay que destruir para construir de sus cenizas un nuevo orden. Tirar lo viejo para poder estrenar lo nuevo.

Por desgracia acabamos descubriendo que sólo es una pobre marioneta de alguien más poderoso.

En esta película también encontramos a una interesante Catwoman (aunque no la llamen así en toda la película) jugando un doble papel entre héroe/villano. Esta ladrona hi-tech de guante blanco aporta un toque femenino a la falocracia de Batman y monta la Bat-moto (tampoco la llaman así, por fortuna) con una soltura y elegancia fuera de lo común.

Aún siendo, quizá y a primera vista, el lado más débil del tríptico sobre el murciélago, “El caballero oscuro, La leyenda renace” es una película notable a la que uno de los “peros” que se le puede poner es las altas expectativas creadas a su alrededor.

Como cierre de la trilogía funciona perfectamente y casi lo logra como puro divertimento.

En algún lado he leído que Nolan lleva el blockbuster al siguiente nivel, signifique eso lo que signifique, y sin saber de qué nivel hablan. Parece ser que nos quieren convencer de que un blockbuster no tiene que estar reñido con calidad. Yo nunca lo he dudado. En fin, si en esa categoría incluimos no sé, Transformers y El caballero oscuro, puede que comprendamos las diferencias que los defensores de Nolan tratan de hacernos ver.

Sin duda, no es ni siquiera la misma liga.

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