Smashing Pumpkins “Oceania” (2012)


El enésimo retorno de Smashing Pumpkins lleva como nombre “Oceania”, un disco mediocre e irregular que, sin embargo, supera al malogrado “Zeitgeist” (2007) y permite a Billy Corgan seguir mirando hacia delante con un contenido optimismo.

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Inmerso en la publicación via web de una colección de canciones en formato EP y que lleva como nombre “Teagarden by Kaleidyscope”, Billy Corgan sorprendió a propios y extraños anunciando un nuevo álbum, con lanzamiento convencional.
Esto avivó cierta expectación ya que, las canciones que conforman esos EPs de “Teargarden..” son aceptables, ampliando el sonido y el universo particular de Billy Corgan y recuperando en cierto modo la forma que este perdió tras “Machina: The machines of God” (2000). Abramos paréntesis y recordemos , a modo de instantánea, lo decepcionante de Zwan, aquella banda que tuvo la difícil tarea de ser la sustituta de Smashing Pumkins, recordemos también lo aburrido de su disco en solitario, o lo indigesto del retorno de Smashing “Zeitgeist”. Cerremos paréntesis.

Como decía, haber escuchado sus canciones pre-Oceania hacía augurar al menos un disco digno.

El comienzo del álbum, con “Quasar” y “Panopticon” es de lo más esperanzador, con unas guitarras (no excesivamente) afiladas y pesadas, que rápidamente nos retrotraen a tiempos musicalmente mejores. Suenan a unos Smashing Pumkins sin chispa, pero son ellos. Puro Corgan.

Después, el disco va transcurriendo entre canciones más o menos acertadas, incluyendo algún tema sencillamente horrible, como la sosa “Pigwheels” o la insípida “One diamond, one heart”, con uno de los inicios más cutres que jamás le haya oído al Sr. Corgan.

Después de ese interludio que puede hacer que pares el reproductor, llega el interesante tema que da título al álbum, con sus guitarras atmosféricas, su toque retro  y su composición en varias partes.

El tramo final vuelve a las guitarras, de las que quizás no debería haber salido. “The Chimera” puede que, junto con el que lo abre, sea el mejor tema del álbum.

Tras unas pocas escuchas, queda la sensación de que, como ya he dicho antes, a este disco le falta algo. Un hervor, fuerza, inspiración… no sé.

Respecto a la inspiración, hay que reconocer que estamos en pleno 2012 y los 90 quedaron muy atrás. Quizás las musas de Billy Corgan también. Ya no canta con aquella mala ostia con la que a veces lo hacía (“Bullet with butterfly wings”, por ejemplo) y sobre todo, las guitarras ya no suenan como apisonadoras allanando autopistas, son poco honestas, con pocos wattios y muy limpias.

Demasiado.

Sólo el tiempo colocará Oceanía en su sitio en la discografía de la banda. ¿Un peldaño por encima de Zeitgeist, uno por debajo del resto?

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