Pony Bravo (26 de Mayo de 2012 en la Sala López)


Si juntamos flamenco y krautrock, con toques ocasionales funk, reggae e incluso hip hop, pasado por un  filtro alucinógeno ¿qué sale de toda esa mezcla?:

Pony Bravo.

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Fusionar el flamenco con otros géneros no es novedoso. Ya lo hizo Camarón, Triana, y hasta los Planetas. Hacerlo con el descaro, la naturalidad y la desvergüenza que lo hacen estos sevillanos, sí que resulta algo novedoso, fresco y extraño.

Con un pie puesto en el pasado, asimilando variadas influencias, en conjunción con lo heredado de su sangre andaluza, y con el otro pie puesto sobre el vacío, Pony Bravo no tiene miedo en absoluto al que dirán. Hacen la música que quieren y, por lo visto anoche en la Sala López, causan sensación entre las hordas indie.

Su directo es una experiencia psicodélica en la que no sabes cual va a ser el paso siguiente.

Es como asomarte a un balcón sin barandilla. Si acudes a verlos sin haberlos oído previamente, como fue mi caso, la perplejidad inicial da paso a la sorpresa y posteriormente a la rendición total ante esos ritmos hipnóticos y esos ambientes que me traen a la cabeza imágenes de, por ejemplo, la Virgen del Rocío en un local de opio.

Canciones y letras totalmente alucinantes como “la rave de Dios” o “el guarda forestal”, pasando por experiencias extrasensoriales como “el campo fui yo” u otras más terrenales, como “noche de setas” hacen de Pony Bravo un grupo ecléctico e indefinido que, sin embargo consigue un sonido personal y propio que deja su impronta bien marcada. En directo suenan seguros y distendidos, con un concierto que, dado su expansión sonora, podría dar incluso para más si dieran rienda suelta a la experimentación sobre el escenario. Pero bueno, eso es la paja en el ojo de Dios

Antes hemos hablado de su mezcla de estilos, pero sería un error catalogarlos en ninguno de ellos. Pony Bravo se desenvuelve entre ellos de manera que no puedes localizarlos sin cometer el riesgo de errar el tiro. No son flamenco, pero tampoco son rock, ni mucho menos reggae, pero de todo ellos hay en su música.

Particularmente particulares, así son ellos.

No quiero cerrar este breve comentario sin mentar a toda esa gente que acude a los conciertos por el mero hecho de, a posteriori, poder decir que han estado. Mientras suena la música, se dedican a hablar, o más bien gritar, en un ejercicio de mala educación. Cuando la música acaba, aplauden y silban como si acabasen de presenciar el milagro de Calanda.

Un saludo para todos ellos. Cuando os pregunten, decir que habéis visto a Pony Bravo y que estuvieron de puta madre. Es cierto.

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