Ernesto Sevilla (18 de Febrero de 2012 en la Sala Oasis )


Vaya por delante que no soy muy amigo de los monólogos. Una pequeña porción me gusta, pero dos ya me empalagan. También soy de la opinión de que bajo el paraguas del éxito de los monólogos se han cobijado muchos mediocres.

No es el caso de Ernesto Sevilla, que sin ser un tipo especialmente dotado para provocar la hilaridad, consigue arrancar carcajadas a base de humor burro y soez en ocasiones, aprovechando al máximo las cualidades que tiene como monologuista: Sabe empatizar con el espectador, hace un buen uso de los silencios para generar expectación y suelta verdaderas salvajadas en el momento justo.

¿Cuál es el problema entonces? El monólogo que yo oí anoche fue, parte de un nivel aceptable, parte mediocre. Si el monólogo lo oímos en cualquiera de los bares de Zaragoza que organizan monólogos y se lo oímos a un desconocido, seguramente no hablaríamos bien de él, y como mucho llegaríamos a decir que “no ha estado mal”.

Gañanazo! Cúrratelo un poco!

Gañanazo! Cúrratelo un poco!

Ernesto Sevilla anoche aprovechó la fama que ha conseguido televisivamente gracias a “La hora Chanante” o su hijo bastardo, “Muchachada Nui”. Vino solo, con la victoria conseguida antes de luchar, con los laureles en la cabeza, con el público rendido antes de empezar. Esto hace que un artista se acomode, que explote lo establecido, que sus inquietudes se queden en un segundo plano, para ofrecer al público la carnaza que desea. Ése fue el problema anoche. No vi sobre el escenario ningún esfuerzo, apenas chispa. Todo muy automático. De carrerilla y con mala memoria.  Me atrevería a decir que ni siquiera estaba centrado en algunas partes del monologo.

Añadir que en nada ayudó que estuvimos de pie, en una sala abarrotada y con un calor insoportable, cosas del directo. Y es que claro, nos tienen acostumbrados a ver “El club de la comedia”, todos sentaditos en un ambiente acogedor iluminado con velas y encontrarnos con la sala llena cual concierto de rock le quitó enteros, en mi opinión, antes de empezar.

Otra vez, currátelo un poco más.

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