Reflexiones matutinas


En este tipo de sociedad parece que lo más fácil puede ser perderse, engullido por la vorágine cotidiana, abrumado por la rutina, frustrado por la falta de salida al estímulo creativo, derrotado por una vida vacía, llena de continente pero sin contenido. Naces, creces te reproduces y mueres, como las cucarachas del anuncio televisivo.

Trabajas toda una vida para conseguir y gastar el dinero en cosas que realmente no necesitas, pero has sido adoctrinado para ello, lo has vivido desde tu niñez.

Hay que tener casa, coche e irse de vacaciones. Hay que casarse y procrear, tener al menos “la parejica”. Hay que ir al cine a ver la última súper producción de Hollywood con un bol de palomitas, comprar la música con las que nos lavan el cerebro en las radiofórmulas, ir a conciertos multitudinarios a comulgar y sentirnos parte de algo, ser socio de Fnac, tapear en los bares más caros. Hay que tragarse anuncios que nos muestran familias idóneas, anuncios con  realidades falsas pero idílicas que nos creemos para llegar a sentir que necesitas ese producto. Hay que estar en forma, tener una buena polla y lucir unas buenas tetas, culo perfecto y cuidar al máximo la imagen. Hay que estudiar, ir a la Universidad, realizar un master o un doctorado. Hay que aprender idiomas, a ser posible con estancias en el extranjero. Tienes que ser inteligente y estudiar mucho si quieres llegar a algo en la vida, aunque constantemente se nos demuestra tanto en las noticias como en los realities que lo único que hace falta es ser un impresentable deslenguado y hacer carrera como político o concursar en Gran hermano.

Hay que ser feliz, y lo conseguirás en base a lo que tengas. Tanto tienes tanto vales. Ésa es la sociedad en la que vivimos. Parece que todo está predestinado. Todo es una rueda que te atrapa y giras constantemente al ritmo que te marcan. No hay capacidad de maniobra.

¿O si?…

Claro que la hay. Tu vida depende nada más que de ti y solo de ti. Tu decides el qué, el cuando, el con quién y el cómo conduces tu vida. ¿Entrar en la rueda? ¿Pero qué rueda? La vida es vida, y está para vivirla. Tú decides si lo quieres pasar bien o lo quieres pasar mal. Eliges la música que escuchas, eliges a tus amigos, eliges qué hacer con el tiempo que te toca vivir. Si no te gusta tu estilo de vida en cualquiera de sus aspectos, primero piensa si es pasajero. Si no es así, ponte en marcha para cambiarlo. Actívate.

La felicidad, eso que tantos quebraderos de cabeza da y que se tiene en la mayoría de las veces como una meta, como un futuro, es en realidad el presente. En el día a día es donde vas a poder encontrar las pequeñas cosas que te hacen feliz. Pasar un rato con tu pareja, con un par de amigos, leer un libro, descargarte el último disco un grupo que te gusta, ir al cine… acciones a las que hay que dar una gran importancia ya que son, sin duda alguna, las que nos dan momentos placenteros en el día a día, haciendo diferente uno del otro, para finalmente y casi sin darnos cuenta, ser felices. Hay que darle importancia a las cosas que la tienen. A las que nos afectan negativamente dedicarles solo el tiempo necesario para caer en la cuenta de que nada es tan importante como para merecer nuestro sufrimiento. Si aún así no escapamos de él, saber que es temporal, acotado en el tiempo y que pasado un dia, un mes o un año vas a volver a estar bien.

En resumidas cuentas, ser felices y escapar de la frustración que puede ocasionarnos esta sociedad ultra-capitalista en la que vivimos es más sencillo de lo que parece.


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