Pequeña reflexión vespertina


 

Las vacaciones de verano siempre me traen recuerdos de la niñez, de pueblo, piscina, bicicleta, de San Sebastián y el Cantábrico…

Las cosas ahora son diferentes, pero no miro atrás con añoranza. Ya no hay más San Sebastián (aunque esporádicamente sí hay Cantábrico), ni pueblo (aunque se han recuperado las fiestas), ni piscina. La bicicleta siempre está ahí, compañera fiel.

Con la llegada de cierta edad y algo de poder adquisitivo, llegan los viajes, ya sea con amigos, “novias” o compañeros de trabajo. Así, durante el verano, me han visto pasar ciudades como Londres, París, Lisboa o Madrid. Festivales musicales veraniegos, como el FIB y el Santander Summer Festival o conciertos de U2. He estado en nuestro Pirineo a las faldas de Monte Perdido, maravillándome en Aguas Tuertas, de picos pardos en Torla o dando un paseo por las ermitas de Tella. También el Mediterráneo o el Atlántico me han visto en bañador, y sus discotecas sudando la noche.

Experiencias muchas de ellas vividas con personas con las que ya no tengo trato alguno, pero que en cierta medida te van enriqueciendo y ayudando a crecer. Todas ponen su granito de arena en lo que uno es, aunque finalmente, el que tenga plenos poderes sobre el tema sea uno mismo.

Con otras aún me faltan muchos veranos que pasar.

Por ejemplo, este verano a Tenerife!

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