Pinhead!!


Primera toma de contacto. Un amigo del pueblo me contó, cual leyenda urbana, que su profesora particular había visto una película en la que los espíritus, antes de aparecer, parecían emanar una fuerte luz a través de las grietas de las paredes tras las cuales se escondía su dimensión, justo antes de cruzar a la nuestra. Una tarde, estudiando, vio cómo se filtraba la luz por la ventana, entre los huecos que dejan las persianas a medio bajar, y le dio un vuelco el estómago.

Segunda toma de contacto. Ernesto, un adelantado a su época en muchos aspectos, había alquilado una película de terror.

Se llamaba “Hellraiser” y, aunque solo vimos fragmentos, causó una gran impresión en mi mente pre-adolescente. Hablamos de 1987 más o menos, si no recuerdo mal.

En esta insana y abrumadora película, adaptación de un relato de Clive Barker, que también dirige el film, unos seres llamados cenobitas, sadomasoquistas con horrendas heridas en sus cuerpos, con clavos en sus cabezas, vistiendo de cuero, amantes del dolor, venían del más allá para torturar a quienes los invocaban por medio de un cubo/puzzle hasta una muerte que era suma de agonía, ganchos, cadenas y placer.

Eran cuatro, como los jinetes del Apocalipsis, y su líder, al que después se conocería familiarmente como “Pinhead” era el más terrorífico de todos. Un tipo pálido y calvo, con la cabeza llena de unos clavos colocados a escuadra y cartabón, luciendo dos heridas en el pecho, y con una túnica de cuero que vagamente recuerda al atuendo de los sacerdotes o curas cristianos, aunque para él, su religión es la muerte a través del dolor y el placer, los cuales parecen no distinguir, o considerar la misma cosa.

Con este currículum, es lógico imaginar que no son del todo bienvenidos a nuestra dimensión y la protagonista de la película intenta evadirlos como buenamente puede.

Después vinieron más películas, de la que solo cabría comentar la segunda parte “Hellbound: Hellraiser II” en la que los cenobitas mueren, aparentemente, a manos de una nueva creación infernal, más mortífera que ellos. Un guión que avanza a ratos, a veces sin consistencia, hacen que esta segunda parte haya desmerecido, con el paso del tiempo, el lugar que ocupaba en el imaginario colectivo, dejando a la primera en solitario como un clásico del cine de terror, con un personaje icónico, Pinhead, que atormenta a todos que se aventuran en sus dominios.

Desde aquella temprana edad, la historia de los cenobitas, llena de sexo, traición, dobles juegos y muerte, me atrajo, amén de sus llamativos looks (sobre todo su look!), que siempre me hubiese gustado lucir en carnavales.

Mi relación con Pinhead es casi insana. Tuve la película, primero en VHS, posteriormente fué de las primeras que compré en DVD. Durante años estuvo en forma de póster colgado en mi habitación. Su rostro imperturbable  aparece esporádicamente en mi Messenger, sobrecogiendo a mis amig@s y conocid@s. Hace poco compré una camiseta que lleva serigrafiada la foto que uso en el Messenger. Incluso una vez, me hice pasar por él chateando, diciendo que era yo disfrazado. ¡¡Me creyeron!!.

¿Que tipo de relación tengo con él?, os preguntareis. ¿Está Luis tan loco como aparenta por tener un ser así en su subconsciente?. No sé, puede que sí, pero tiene una explicación, más sencilla que mi posible locura. Encontrármelo a tan temprana edad, siendo yo tan sensible e impresionable (como ahora, más o menos), me produjo una sensación de desasosiego que, hasta día de hoy, aún no ha desaparecido. Ciertas experiencias de niñez, se impregnan a ti, y ya no te dejan, aunque parezca que algunas se diluyan con los años. Por eso nuestros recuerdos de esa etapa son tan vívidos, por que absorbemos todo lo que nos rodea.

Y es que a las películas les ponen los “no recomendadas…” por algo.

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