Monsters of Rock 2008 (o cómo sobrevivimos a un simulacro de fin del mundo)


Así que ahí estábamos, Carlos y yo, litro en mano, dispuestos a ver a los creadores de “Smoke on the water”. Yo ya tuve la “suerte” de comprar su entrada para su anterior concierto en Zaragoza, cuando se inundó el Príncipe Felipe.

“Son cosas que pasan, oye”, me dije aquella vez. Ahora sé que son unos putos gafes.

Esta vez no sólo íbamos a ver a Deep Purple, si no que al día siguiente tendríamos el placer de ver de nuevo a Slayer, que por donde tocan no crece la hierba, y Iron Maiden, con una gira en la que tocan sus éxitos de los ochenta, los que los han hecho lo que son, vamos. ¡Un verdadero revival heavy!. Como si tuviésemos 17 años otra vez…

Thin Lizzy había tocado con anterioridad, justo cuando llegamos a la Feria de Muestras, lugar donde se celebraba el evento. A continuación salió a escena Ted Nugent. Apenas le hicimo caso. Estuvimos dando una vuelta por el mercadillo heavy que se había montado en uno de los pabellones. Puestos de comida, camisetas y música abarrotaban el pabellón 6 de la Feria de Muestras, en el que se concentraba el calor y había una temperatura que te hacía sudar cada trago de cerveza. ¡Ni cuando trabajé construyendo autopistas con espátula sudé tanto!.

Después del semi-apocalipsis, Carlos se compró, con gozo extremo, una camiseta del “altars of madness” de Morbid Angel. Yo hice lo propio con una camiseta de Pinhead en la que aparece su rostro lleno de clavos, serio y pensativo, la misma foto que me pongo en el Messenger muchas veces. No es una camiseta para vestir al ir a trabajar, o para quedar con una chica en una cita romántica, a no ser que la chica sea una gótico heavy sadomasoquista, o algo así.

Carlos y yo nos congratulábamos pensando en nosotros mismos, estrenando nuestras camisetas al día siguiente y moviendo las cabezas al ritmo de “war ensemble” o “angel of death”. Ambos vimos a Slayer el año pasado y fue una de las experiencias de nuestra vida. Un grupo que, para mí, trasciende géneros. Slayer son, simplemente, ellos mismos. Yo ya los había visto con anterioridad y siempre lo digo: verlos en directo es algo único, después de ver a Slayer nada es lo mismo. Ese 2007, Carlos descubrió la atronadora verdad que tantas veces había pregonado, y se unió a mí en la secta de “Slayer knows”.

Pero volvamos a 2008. Faltaban unos minutos para que Deep Purple saliesen al escenario, y de repente empezó a correr un aire bastante poderoso, que hacía que las lonetas del escenario se moviesen como si estuviesen presas y quisiesen escapar. El ruido que hacían era como el de bofetadas a toda velocidad. Unas nubes negras, entre las que se podría haber escondido una nave nodriza de Ganímedes, parecían acercarse al galope. Vimos un tumulto a pocos metros de donde estábamos, al lado de la mesa de mezclas. Algo se había soltado y había golpeado a un tipo, dejándolo, al parecer, inconsciente. ¡Esperamos de corazón que no se hubiese quedado seco ahí mismo!. Unas gotillas comenzaron a caer, mientras el aire seguía viniendo a oleadas, cada vez más fuertes. Los del staff y seguridad nos pedían que nos apartásemos de la mesa de mezclas. Confusión. El puente que en ella había, con focos cañón, parecía que podía caer en cualquier momento. De hecho, debieron caer un par de focos ya que el hueco que deberían haber ocupado un par de ellos estaba vacío. Unos heavys les gritaban a los que estaban intentando asegurar los focos “¡bajad de ahí, baja de ahí coño, bajaaa, que no te pagan suficieeeeente, baja jodeeeeer”. La verdad es que parecía que podían salir despedidos a causa del viento en cualquier momento. Así sopla en Zaragoza.

Las gotas se incrementaron en número, y de repente nos vimos envueltos en una tormenta helada. Todos echamos a correr hacía el pabellón 6. ¡Era nuestra salvación!.

Según Carlos, cayó algo de granizo. Yo estaba ocupando corriendo, salvando mi vida entre la estampida de camisetas negras que había a mi alrededor, y no sé decir si era granizo o no, solo se decir que el agua estaba jodidamente fría, y que ayudada con el viento, golpeaba con fuerza los cuerpos de miles de heavys alucinados.

¿Qué coño estaba pasando?.¿Qué coño iba a pasar?. Estuvo lloviendo algo así como veinte minutos, durante los cuales los tenderetes hicieron su agosto particular, aunque fuese julio todavía.

Al acabar el simulacro de fin del mundo, íbamos saliendo, poco a poco y con timidez, de nuevo al exterior. Vallas en el suelo, barras inundadas, el aire seguía soplando, aunque con menor intensidad. Después, leí que Deep Purple ya se había cogido el autobús, y estaban de camino al aeropuerto. Twisted Sister estaban en conversaciones, pero se negaban a salir a tocar a un escenario inundado.

Ninguno de los que estábamos allí sabíamos, naturalmente, nada de eso. Todo eran caras incrédulas ante lo acontecido y expectantes ante lo que podía suceder. Sobre las 23h00 , sonó megafonía, y anunció que los conciertos se suspendían por esa noche y que, quizás hubiese que hacer lo mismo al día siguiente. El equipo técnico estaba destrozado. La mesa de mezclas cortocircuitada. Iban a trabajar duro para intentar que al día siguiente, pudiese continuar la fiesta del metal.

Carlos y yo hicimos nuestras compras, y nos fuimos al Z a emborracharnos. ¿Qué otra cosa podíamos hacer?.

Al día siguiente, cuando me levanté con un dolor de cabeza poco amigable, miré la web oficial de Monster of Rock, donde ya se podía leer que finalmente se suspendía, debido a los daños causados por la tormenta y no poder garantizar la seguridad de las personas ni la realización del espectáculo.

Una pena realmente!. Nada hombre, el año que viene seguro que vuelven los Maiden…


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